viernes, 1 de abril de 2016

Crónica de un día en el Festival de cine colombiano 2016


Crónica de un día en el Festival de cine colombiano 2016 

3.28.2016

Estaba resuelto. "Festival de cine colombiano 2016", allá voy- ¿El plan? bueno, ninguno en particular, llegar al teatro y ver 'pelis', cualquiera, casi cualquiera, digo. Llegaría medio a ciegas, vería las programadas para el día y elegiría.

Noté de entrada un poco de informalidad, en el buen sentido aclaro, me parece en todo caso preferible de esa forma. Gente importante sentada y almorzando en las escaleras del teatro, instrucciones dadas directamente, en cualquier lado, qué se yo, voluntarios con cámaras y cámaras con voluntarios por doquier, todo muy práctico, versátil. Sillas por acá, por allá, carteles que iban y venían con cinta pegante en las puertas de las salas asignadas; en fin, todo andando en su orden.

A propósito, me llamó mucho la atención el diseño del logo oficial del festival este año. Fenomenal. Un sombrero vueltiao sobre un mapa de New York, visto desde arriba que tiene por centro un lente y una colilla de fotogramas a un lado. Juan Carvajal, Director y Fundador del festival, explicó que ese era el logo ganador de un concurso hecho a través de la página web del certamen. Así que toda la información sobre la programación del día, los horarios de las películas, biografía de los directores... se hallaba completamente disponible tanto en formato impreso como en línea. Bien.

Empecé a trazar mi itinerario fílmico del día. Hallé el documental "Aislados" y me pareció interesante como primera estación, pero había comenzado hace veinte minutos, iba tarde.

La siguiente opción vino del poster promocional de una película llamada "Detective Marañón", dirigida por Salomón Simhon, nombre completamente desconocido para mí y creo que para otros cuantos. El gráfico correspondía a una especie de collage de retratos con efecto medio retro medio de comic con un personaje sobresaliente en la parte de arriba, con pocos colores. Lucía muy bien para empezar el día. Le di un vistazo a la sinopsis y lo comprobé. Detective bien particular que investiga casos de corrupción... mientras leía, se me pasó por la mente el papel de Victor Mallarino en "La Estrategia del Caracol", su rol cínico en "Bluff" y, claro, lo bien que se pasa cada que uno ve "Perder es cuestión de método". Así que me emocioné, tomé la primera decisión y vi ir aquellos primeros 16 dólares del día.

Maíz pira, dulces baratos, gaseosas ¡no vendían café! mientras almorzaban, la gente importante discutía en las escaleras que aún no sabían dónde sería la premiación y que la comida estaba medio 'picantona'. Los voluntarios con cámaras iban y venían.

2:50pm. "Detective Marañón" a punto de empezar, sala pequeña. Sin 'peralte' suficiente. Cual buseta bogotana, las sillas tenían instaladas en la parte de arriba un forro publicitario. No se trataba sin embargo del prohibido fumar en todos los idiomas tan representativo de mis siestas políglotas andando por Bogotá, sino de Delta Air Lines, la generosa aerolínea, tan familiar entre colombianos, la de las 45 pulgadas lineales.

Luego de los primeros cinco minutos de la película supe que me encantaría, como una promesa. Todo acerca de Marañón, desde los detalles uno a uno, exhibidos en diversidad de planos, perfilando juiciosamente la personalidad del personaje central, con ese toque de naturalidad, desde el exterior del detective hacia su interior –luego lo corroboraría el director al final, verbalmente. Lujo de atributos, muy buen ritmo narrativo y Silvia de Dios perfecta, de dama fatal y peligrosa, elegantísima. Una película redonda, plena de índices, sin cabos sueltos; el día había empezado bien.

Al final de la película, el joven director dialogó un poco con el público y entre las cosas que dijo, reiteró que se trataba de su ópera prima, que el presupuesto había sido bastante modesto y que el rodaje se había hecho en 12 días, sí, en 12. Luego una de las conclusiones inmediatas fue, de hecho, la pregunta acerca de lo que sería capaz de hacer un tipo del talento de Salomón, con un poco mas de plata y tiempo. Si esa había sido su primera película, bajo las condiciones descritas, estábamos sin duda frente a una carrera bastante prometedora. Ojalá así sea, Colombia necesita mucha más sátira de ese nivel, más ácido de ese que a fuerza de no quemarnos del todo nos saca en cambio una sonrisa.

Así las cosas, venía siendo hora de planear mi segunda estación ¿A dónde irían a parar mis segundos 16 de la jornada?

5pm. Enfrentadas: "Uno al año no hace daño 2" Vs "Las últimas vacaciones". No había caso, no haber visto la primera parte me dejaba por fuera de la opción 1, la trama habría sido imposible de seguir. Al descarte de la primera opción le siguió el de la segunda porque la sinopsis no logró atraparme. Así que decidí pasar de turno. Mi espera sería larga, la siguiente parada sería "Siembra" de Ángela María Osorio ¿por qué? Bueno, por mi propensión a las realizaciones en blanco y negro. Soy como apto, como nativo de las texturas.

7pm. Vaya espera. Los voluntarios con cámara conversaban. Primeros 30 minutos de la película, idea clara: choque de identidades, el problema terrible del desarraigo en nuestro país por causa del desplazamiento forzado, esta vez en esa especie de sub-Cali que es Agua Blanca. Los personajes, uno, fuerte, hondo, sesudo, ceño fruncido gesto adusto, seriedad absoluta, de apodo "El Turko". Dos, su hijo "Yosner", en la contraparte del viejo, el "break-dancer aguablanquero", feliz, "dándole duro", callejeando en el parque, retando, "fristaliando", "yo a esa finca no vuelvo a lo bien". Muere joven Yosner, haciendo lo suyo, su padre lo vela eternamente a lo largo de toda la obra. Hasta el agotamiento gráfico, hasta el cansancio de las plañideras, todas las noches. Hasta todos y cada uno de los detalles del rancho/sala de velación que le improvisaron en el barrio.

Un film de cadencia lenta, de ritmo silencioso y pesado, de pupilas a medio abrir, de unos ojos hondos tratando de ver un mundo ajeno a través de otros ojos. Se pasa la vida de la película de la mitad más o menos hasta el final en una idea clara y agotada muy pronto, pues la reflexión estaba ya hecha. Lo demás fue una especie de derroche estético en escala de grises y formas y texturas y gritos de señoras llorando para dejar ir el alma de Yosner en paz. La belleza aparece, de pronto, como en la mitad de un silencio sumamente denso cuando El Turko regresa al campo y ve que hay otra persona viviendo en la finca, en una soledad casi inmisericorde: un anciano sin fuerzas que le recita un poema hermoso acerca de la ausencia de su amada hija. Sí, es eso lo que el realizador nos cuenta que halla, un poema, y es una belleza, simple.

Tercera parada. Klych López directo, "La siempreviva" sin lugar a dudas ¿por qué? por la familiaridad del nombre. Por la virgen de plástico llena de bombillitos de colores que hace varios años había visto en la oficina de ese sujeto. Por el respeto y la admiración que ese nombre despertaba en un entorno que me fue próximo años atrás: el canal de televisión local de mi ciudad natal. Por nada más en particular.

Problema, las entradas estaban agotadas. Ni modos, había que esperar. Era probable que alguien con boleto comprado no llegara. Una de las coordinadoras principales del evento, serena y de espejuelos a lo Tim Burton, geniales, me lo dijo. "Qué cámara tan severa, vé, yo prefiero el grano que el flash, mirá", se decía en los corredores cámara en mano...

Mierda, por qué no vendían café. Nada qué hacer, esperar de nuevo.

"Siga y a la salida me paga, tengo una silla disponible", dijo. Además, fui llevado de la mano.

Carriazo enorme, sátiro aunque jovial, ácido pero grácil, tan él. Provocando risotadas al unísono,,, pensé en ese gesto tan particular de quienes se ríen de una ironía: como si estuvieran diciendo que 'no' ligeramente con la cabeza y los ojos cerrados, como sonrientes y felices mientras entre dientes van diciendo "mucho hijueputa".

Personajes, sí, todos, personajes perfilados, de carácter real, de construcción seria, metódica. Andreita Gómez hablando como con toda la cara, antes de desaparecer, indignada diciéndonos que el problema en Colombia es bien simple, que el problema es básicamente estar negociando la paz cuando la paz es algo que no se negocia. Fue entonces cuando supe que se trataba de una realización distinta con relación a los filmes vistos hasta ahora. No sabía bien por qué hasta ese momento, pero lo fui concluyendo. La diferencia era que se trataba de una creatividad digamos notoriamente más explorada, hace tiempos sabida por el realizador. De ahí el balance entre los componentes estéticos de la película y sus propias construcciones de sentido sobre todo al tratarse de un tema tan delicado y sensible como la toma del palacio de justicia. De ahí el genial título de la película. De ahí el cambio de rumbo constante entre el humor negro y el drama mismo de los personajes cuando estos le cobran vida propia al guión. Entre Carriazo, Laura García y Andrés Parra no se sabe bien cuál es más dramático y conmovedor. Las transiciones, el color de las paredes, el estilo de época, en fin... T o d o b i e n.

En algún momento pensé que esa sería la película ganadora del festival, al día siguiente corroboraría mi yerro.

De tal forma, pronto estuve listo para empezar a pedalear de regreso a casa luego de ver ir mis últimos 16 de la jornada. Mientas pedaleaba, pensé que el balance de mi cinematográfico día había sido positivo. Mi favorita seguía siendo "Detective Marañón", claro, más por capricho personal que por criterios propiamente serios o formales. Todo el tiempo tuve la sensación de haber estado en Colombia, de haber vivido un poco allá, en mis esquinas, de donde yo verdaderamente soy, de donde son mis amigos, las montañas de mis sueños, mis cuitas. 

 

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