Crónica de un día en el Festival de cine colombiano 2016
3.28.2016
Estaba resuelto.
"Festival de cine colombiano 2016", allá voy- ¿El plan? bueno, ninguno
en particular, llegar al teatro y ver 'pelis', cualquiera, casi
cualquiera, digo. Llegaría medio a ciegas, vería las programadas para el
día y elegiría.
Noté de entrada un poco
de informalidad, en el buen sentido aclaro, me parece en todo caso
preferible de esa forma. Gente importante sentada y almorzando en las
escaleras del teatro, instrucciones dadas directamente, en cualquier
lado, qué se yo, voluntarios con cámaras y cámaras con voluntarios por
doquier, todo muy práctico, versátil. Sillas por acá, por allá, carteles
que iban y venían con cinta pegante en las puertas de las salas
asignadas; en fin, todo andando en su orden.
A propósito, me llamó
mucho la atención el diseño del logo oficial del festival este año.
Fenomenal. Un sombrero vueltiao sobre un mapa de New York, visto desde
arriba que tiene por centro un lente y una colilla de fotogramas a un
lado. Juan Carvajal, Director y Fundador del festival, explicó que ese
era el logo ganador de un concurso hecho a través de la página web del
certamen. Así que toda la información sobre la programación del día, los
horarios de las películas, biografía de los directores... se hallaba
completamente disponible tanto en formato impreso como en línea. Bien.
Empecé a trazar mi
itinerario fílmico del día. Hallé el documental "Aislados" y me pareció
interesante como primera estación, pero había comenzado hace veinte
minutos, iba tarde.
La siguiente opción vino
del poster promocional de una película llamada "Detective Marañón",
dirigida por Salomón Simhon, nombre completamente desconocido para mí y
creo que para otros cuantos. El gráfico correspondía a una especie de
collage de retratos con efecto medio retro medio de comic con un
personaje sobresaliente en la parte de arriba, con pocos colores. Lucía
muy bien para empezar el día. Le di un vistazo a la sinopsis y lo
comprobé. Detective bien particular que investiga casos de corrupción...
mientras leía, se me pasó por la mente el papel de Victor Mallarino en
"La Estrategia del Caracol", su rol cínico en "Bluff" y, claro, lo bien
que se pasa cada que uno ve "Perder es cuestión de método". Así que me
emocioné, tomé la primera decisión y vi ir aquellos primeros 16 dólares
del día.
Maíz pira, dulces
baratos, gaseosas ¡no vendían café! mientras almorzaban, la gente
importante discutía en las escaleras que aún no sabían dónde sería la
premiación y que la comida estaba medio 'picantona'. Los voluntarios con
cámaras iban y venían.
2:50pm. "Detective
Marañón" a punto de empezar, sala pequeña. Sin 'peralte' suficiente.
Cual buseta bogotana, las sillas tenían instaladas en la parte de arriba
un forro publicitario. No se trataba sin embargo del prohibido fumar en
todos los idiomas tan representativo de mis siestas políglotas andando
por Bogotá, sino de Delta Air Lines, la generosa aerolínea, tan familiar
entre colombianos, la de las 45 pulgadas lineales.
Luego de los primeros
cinco minutos de la película supe que me encantaría, como una promesa.
Todo acerca de Marañón, desde los detalles uno a uno, exhibidos en
diversidad de planos, perfilando juiciosamente la personalidad del
personaje central, con ese toque de naturalidad, desde el exterior del
detective hacia su interior –luego lo corroboraría el director al final,
verbalmente. Lujo de atributos, muy buen ritmo narrativo y Silvia de
Dios perfecta, de dama fatal y peligrosa, elegantísima. Una película
redonda, plena de índices, sin cabos sueltos; el día había empezado
bien.
Al final de la película,
el joven director dialogó un poco con el público y entre las cosas que
dijo, reiteró que se trataba de su ópera prima, que el presupuesto había
sido bastante modesto y que el rodaje se había hecho en 12 días, sí, en
12. Luego una de las conclusiones inmediatas fue, de hecho, la pregunta
acerca de lo que sería capaz de hacer un tipo del talento de Salomón,
con un poco mas de plata y tiempo. Si esa había sido su primera
película, bajo las condiciones descritas, estábamos sin duda frente a
una carrera bastante prometedora. Ojalá así sea, Colombia necesita mucha
más sátira de ese nivel, más ácido de ese que a fuerza de no quemarnos
del todo nos saca en cambio una sonrisa.
Así las cosas, venía siendo hora de planear mi segunda estación ¿A dónde irían a parar mis segundos 16 de la jornada?
5pm. Enfrentadas: "Uno
al año no hace daño 2" Vs "Las últimas vacaciones". No había caso, no
haber visto la primera parte me dejaba por fuera de la opción 1, la
trama habría sido imposible de seguir. Al descarte de la primera opción
le siguió el de la segunda porque la sinopsis no logró atraparme. Así
que decidí pasar de turno. Mi espera sería larga, la siguiente parada
sería "Siembra" de Ángela María Osorio ¿por qué? Bueno, por mi
propensión a las realizaciones en blanco y negro. Soy como apto, como
nativo de las texturas.
7pm. Vaya espera. Los
voluntarios con cámara conversaban. Primeros 30 minutos de la película,
idea clara: choque de identidades, el problema terrible del desarraigo
en nuestro país por causa del desplazamiento forzado, esta vez en esa
especie de sub-Cali que es Agua Blanca. Los personajes, uno, fuerte,
hondo, sesudo, ceño fruncido gesto adusto, seriedad absoluta, de apodo
"El Turko". Dos, su hijo "Yosner", en la contraparte del viejo, el
"break-dancer aguablanquero", feliz, "dándole duro", callejeando en el
parque, retando, "fristaliando", "yo a esa finca no vuelvo a lo bien".
Muere joven Yosner, haciendo lo suyo, su padre lo vela eternamente a lo
largo de toda la obra. Hasta el agotamiento gráfico, hasta el cansancio
de las plañideras, todas las noches. Hasta todos y cada uno de los
detalles del rancho/sala de velación que le improvisaron en el barrio.
Un film de cadencia
lenta, de ritmo silencioso y pesado, de pupilas a medio abrir, de unos
ojos hondos tratando de ver un mundo ajeno a través de otros ojos. Se
pasa la vida de la película de la mitad más o menos hasta el final en
una idea clara y agotada muy pronto, pues la reflexión estaba ya hecha.
Lo demás fue una especie de derroche estético en escala de grises y
formas y texturas y gritos de señoras llorando para dejar ir el alma de
Yosner en paz. La belleza aparece, de pronto, como en la mitad de un
silencio sumamente denso cuando El Turko regresa al campo y ve que hay
otra persona viviendo en la finca, en una soledad casi inmisericorde: un
anciano sin fuerzas que le recita un poema hermoso acerca de la
ausencia de su amada hija. Sí, es eso lo que el realizador nos cuenta
que halla, un poema, y es una belleza, simple.
Tercera parada. Klych
López directo, "La siempreviva" sin lugar a dudas ¿por qué? por la
familiaridad del nombre. Por la virgen de plástico llena de bombillitos
de colores que hace varios años había visto en la oficina de ese
sujeto. Por el respeto y la admiración que ese nombre despertaba en un
entorno que me fue próximo años atrás: el canal de televisión local de
mi ciudad natal. Por nada más en particular.
Problema, las entradas
estaban agotadas. Ni modos, había que esperar. Era probable que alguien
con boleto comprado no llegara. Una de las coordinadoras principales del
evento, serena y de espejuelos a lo Tim Burton, geniales, me lo dijo.
"Qué cámara tan severa, vé, yo prefiero el grano que el flash, mirá", se
decía en los corredores cámara en mano...
Mierda, por qué no vendían café. Nada qué hacer, esperar de nuevo.
"Siga y a la salida me paga, tengo una silla disponible", dijo. Además, fui llevado de la mano.
Carriazo enorme, sátiro
aunque jovial, ácido pero grácil, tan él. Provocando risotadas al
unísono,,, pensé en ese gesto tan particular de quienes se ríen de una
ironía: como si estuvieran diciendo que 'no' ligeramente con la cabeza y
los ojos cerrados, como sonrientes y felices mientras entre dientes van
diciendo "mucho hijueputa".
Personajes, sí, todos,
personajes perfilados, de carácter real, de construcción seria,
metódica. Andreita Gómez hablando como con toda la cara, antes de
desaparecer, indignada diciéndonos que el problema en Colombia es bien
simple, que el problema es básicamente estar negociando la paz cuando la
paz es algo que no se negocia. Fue entonces cuando supe que se trataba
de una realización distinta con relación a los filmes vistos hasta
ahora. No sabía bien por qué hasta ese momento, pero lo fui concluyendo.
La diferencia era que se trataba de una creatividad digamos
notoriamente más explorada, hace tiempos sabida por el realizador. De
ahí el balance entre los componentes estéticos de la película y sus
propias construcciones de sentido sobre todo al tratarse de un tema tan
delicado y sensible como la toma del palacio de justicia. De ahí el
genial título de la película. De ahí el cambio de rumbo constante entre
el humor negro y el drama mismo de los personajes cuando estos le cobran
vida propia al guión. Entre Carriazo, Laura García y Andrés Parra no se
sabe bien cuál es más dramático y conmovedor. Las transiciones, el
color de las paredes, el estilo de época, en fin... T o d o b i e n.
En algún momento pensé que esa sería la película ganadora del festival, al día siguiente corroboraría mi yerro.
De tal forma, pronto
estuve listo para empezar a pedalear de regreso a casa luego de ver ir
mis últimos 16 de la jornada. Mientas pedaleaba, pensé que el balance de
mi cinematográfico día había sido positivo. Mi favorita seguía siendo
"Detective Marañón", claro, más por capricho personal que por criterios
propiamente serios o formales. Todo el tiempo tuve la sensación de haber
estado en Colombia, de haber vivido un poco allá, en mis esquinas, de
donde yo verdaderamente soy, de donde son mis amigos, las montañas de
mis sueños, mis cuitas.



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